El Universo Dramático, Capítulo 1, sección 1. Primeras y últimas preguntas

El capítulo 1 de El Universo Dramático se titula Puntos de arranque. Adjunto la traducción de la primera sección, llamada Primeras y Últimas Preguntas.

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1.1.1 Primeras y últimas preguntas

Las preguntas que realmente importan al hombre fueron formuladas hace mucho, y aún están sin respuesta. No hay mitos tan primitivos ni leyendas tan antiguas que no expresen la búsqueda del hombre de la comprensión de su destino y su relación con su Creador y su creación. Tan antiguas son estas preguntas que los primeros registros de la especulación humana —tales como el poema épico de Gilgamesh y el himno de la Creación del Rig Veda— expresan esta cuestión y también la desilusión de que la respuesta nunca será hallada. Encontramos entonces al inicio un hecho indubitable, confirmado por al menos cinco mil años de investigación, durante los cuales todos los recursos de observación, experimentación, inspiración y razón disponibles al hombre han sido aplicados; que nuestras preguntas últimas nunca han sido contestadas y que estamos tan lejos de contestarlas como siempre lo hemos estado.

Nuestra búsqueda aún es la búsqueda del secreto del destino humano. Es un viaje a lo desconocido; pero dado que cada viaje debe tener un inicio, podemos tomar como nuestro punto de partida el reconocimiento de que nuestro objetivo es de hecho desconocido; que no sabemos dónde ni cómo surgió la humanidad, y no podemos decir hacia dónde vamos y qué deberíamos estar haciendo. El hombre siempre ha sido así ignorante de su destino. No es hoy ni más ignorante ni menos ignorante de lo que lo era hace mil, o hace cinco mil años. Al reconocer esto, nos vemos obligados a desechar la idea de que hay progreso en el conocimiento del hombre sobre la razón de su existencia en la tierra, y así podremos, quizá, incluso reconciliarnos al prospecto de vivir en todo, y para siempre, en el dominio de lo relativo y lo incierto. La teoría de la relatividad universal nos ha enseñado que debemos estar preparados para abandonar cualquier expectativa de respuestas precisas y concluyentes. Nos hemos visto forzados a admitir que la precisión y la generalidad se consiguen sólo si una es sacrificada a la otra.

El científico y el filósofo han intentado desechar de su lenguaje palabras tales como: ‘más bien’, ‘algo’, ‘tal vez’ y evitar cualquier forma de adjetivo que termina en ‘áceo’. Puede que no tengan problemas con ‘este color es grisáceo’ pero no tolerarán expresiones tales como ‘esta proposición es verdadosa’ o incluso ‘es algo verdadera’ Sin embargo dichas palabras que llevan nuestra atención a la incertidumbre y relatividad de todo nuestro conocimiento posible son indispensables si no hemos de engañarnos nosotros e inducir a otros a error en lo que decimos.

Durante los últimos dos mil quinientos años la historia espiritual de la humanidad ha sido una búsqueda del Absoluto. Los valores definitivos —verdad, belleza, y el resto— han sido perseguidos en términos absolutos. La filosofía ha requerido de sus doctrinas una autoconsistencia, completitud y adecuación absolutas. La ciencia ha buscado principios definitivos de explicación y leyes de la naturaleza dotadas de validez universal. Los devotos de la religión no pueden creer en un Dios al que no consideren absolutamente incomprensible y a la vez absolutamente bueno — absolutamente poderoso y a la vez absolutamente piadoso. El arte buscó el ideal de una belleza absoluta y formas que debían ser definitivas e imperecederas. En la vida política y social, los hombres han buscado formas ideales de sociedad en las que la justicia absoluta se pueda combinar con la igualdad perfecta y la libertad total. A creencia en la posibilidad de descubrir valores absolutos ha sido el principio guía no sólo de la civilización grecorromana y sus descendientes, sino también de las civilizaciones islámica, hindú y del lejano oriente. Ha sido aceptado como dogma durante toda la Época Megalantrópica1. El motivo detrás de esta aceptación sin cuestionamientos de estos dogmas ha sido eldeseo de mantener la ilusión del hombre de que el está en el centro de un mundo que puede conocer y dominar.

En todos y cada uno de los dominios este dogma ha demostrado ser insostenible y durante el último siglo ha sido abandonado en todas partes, ya sea tácita o explícitamente. La Época del absoluto ha terminado y la de la relatividad ha comenzado. Sin embargo, aun estamos muy lejos de haber aprehendido las implicancias para nuestra nueva visión de mundo y por ende, en casi todos los campos, estamos en la incómoda posición de aquellos que tratan de sentarse entre dos taburetes —resueltamente incapaces de abandonar todas nuestras expectativas absolutas, y aún sin poder entrar de lleno en los modos de pensamiento que pertenecen a la nueva época. Debemos dejar de lado la vieja búsqueda del absoluto —no como una búsqueda más allá de nuestras capacidades, sino como una búsqueda inherentemente mal enfocada. No tenemos quehacer tanto una confesión de fracaso como admitir que lo que tratamos dehacer no debería de haber sido intentado. En caso no hay nada que perder, ya que el absolutismo ha estado muerto estos últimos cien años, y de aquellos que aún permanecen leales a conceptos absolutos —sea en religión, en ciencia o en política— pocos tienen fe en su profesión o esperanza en su práctica.

Si es imposible para nosotros realizar juicios definitivos o absolutos sobre cualquier tema —incluso sobre las formas de pensamiento o las lógicas que adoptaremos como prueba de significación— entonces todo debe ser considerado incierto, incluso la misma certidumbre.2 Si la incertidumbre se adopta como canon de pensamiento, nuevamente no debe ser considerada definitiva. Sin embargo, no podemos esperar progresar no ser que tengamos algunos supuestos respecto de lo que está más allá de nuestra experiencia inmediata en el momento presente. El supuesto más simple y plausible que podemos hacer es que los hombres, con nuestro equipamiento para aprehender el mundo, somos una muestra representativa del mundo que aprehendemos. Si descubrimos que el accidente y la incertidumbre nunca están ausentes de nuestra propia experiencia, podemos suponer razonablemente que están presentes en todos lados y en todo.3

Notas

1 Así llamada para llamar la atención sobre la significación exagerada que se le ha asignado en todas partes al hombre y sus poderes de cognición y acción. cf. J.G. Bennett, The Crisis in Human Affairs, páginas 27 y siguientes.

2 Cf. A.N. Whitehead, Process and Reality, p. 4: “Los filósofos nunca pueden esperar formular definitivamente estos primeros principios metafísicos. La debilidad de la percepción y las deficiencias del lenguaje inexorablemente bloquean el paso. Las palabras y las frases deben ser estiradas hacia una generalidad ajena a su uso ordinario; y como quiera que dichos elementos de lenguaje sean estabilizados como tecnicismos, permanecen siendo metáforas suplicando mudamente por un salto de la imaginación”

3 Cf. Bertrand Russell, Human Knowledge, Its Scope and Limits, p. 527: “Todo conocimiento humano es incierto, inexacto y parcial. Para esta doctrina no hemos encontrado limitación alguna”.

Un pensamiento en “El Universo Dramático, Capítulo 1, sección 1. Primeras y últimas preguntas”

  1. como conseguir los libros en español de toda la serie de universo dramático de j.g.bennett, saludos
    jorge muñoz glez

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